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La reforma del presupuesto

La segunda reforma que necesita emprenderse es la del presupuesto público de educación y aquí hay por lo menos cuatro aspectos que merecen ser abordados.

 

1. Incremento del presupuesto educativo. Sí hacen falta más recursos. Suelen mencionarse los problemas de ejecución presupuestal del sector en general para poner en duda la posibilidad de un incremento más drástico del que ha venido produciéndose en términos absolutos en los últimos años. La lógica es simple: si no pueden gastar todo lo que se les asigna cada año ¿Para qué piden más? Más allá de los malos hábitos del cajero de hacer desembolsos tardíos, lo que suele hacer inviable el gasto en periodos muy breves, lo cierto es que se necesita invertir mucho más en infraestructura y servicios: sólo la mitad de los centros educativos públicos tiene agua potable y luz eléctrica y ese solo hecho debería considerarse inaceptable en un país que se precia de haber tenido el mayor crecimiento económico de América Latina.

 

También necesitamos extender la educación. Según cifras del INEI, la mitad de los niños entre 3 y 5 años de edad que viven fuera de las ciudades a lo largo y ancho del país no recibe educación inicial y más del 90% de los niños menores de 3 años no recibe atención educativa alguna. Por lo demás, aproximadamente un tercio de nuestros adolescentes, que llega al 40% en las zonas rurales, no está recibiendo educación secundaria. Hay además procesos innovadores importantes que están en marcha, como la Carrera Pública Magisterial y la acreditación de las instituciones de Educación Superior, que necesitan inversión significativa y sostenida de recursos. Es por eso que sigue siendo indispensable el aumento progresivo del presupuesto del sector hasta alcanzar el  6% del PBI, una meta necesaria que el Proyecto Educativo Nacional estimó posible para el 2012, si empezábamos a caminar en esa dirección hace tres años.

 

2. Mayor inversión en calidad educativa. Una mayor inversión en calidad educativa es particularmente necesaria. Es un hecho por todos conocido que la mayor parte del presupuesto del sector es gasto corriente, que es con lo que se pagan textos y material educativo, servicios como el agua, la luz y el teléfono, el mantenimiento del local o los salarios; y que es poco lo que se destina a gastos de inversión. Esto quiere decir que, en lo esencial, el sistema recibe dinero anualmente para seguir funcionando más o menos como está, digamos, para seguir respirando sin necesariamente curarse de sus males.

 

No obstante, sabemos que los problemas más graves de nuestro sistema educativo son de calidad y que afectan sobre todo al segmento que atiende a la población más pobre y alejada de las grandes ciudades de la costa. Urge invertir, por ejemplo, en más centros y programas de Educación Inicial, en laboratorios y en servicios higiénicos con agua limpia para todos, en procesos de planificación concertada, como los que dieron vida al Proyecto Educativo Nacional o los PER y que ahora necesitan traducirse en planes y proyectos ejecutables, en el indispensable fortalecimiento de los espacios de participación social establecidos por la ley, como los COPARE, los COPALE y los CONEI, en sistemas permanentes de acompañamiento pedagógico, como los que hace falta construir en cada localidad, en programas especiales de reforzamiento escolar y prevención de la repitencia en primaria, en la formación de una masa crítica de excelencia de formadores de docentes, en la propia reforma de la gestión del sector, donde no se debería escatimar gasto alguno. Estos son algunos ejemplos de inversión en calidad educativa que sigue esperando, peleándose el turno y los escasos recursos quedan después de pagar planillas, la luz y el teléfono.

 

3. Ampliación y fortalecimiento de la gestión presupuestal por resultados. Hay un esfuerzo trascendente del Ministerio de Economía por cambiar la cultura de planificación y gestión del sector público a través de los Programas Presupuestales Estratégicos, orientándolos a resultados y asignando recursos no en función de la costumbre sino de las necesidades. Todos sabemos que, en general, las instituciones estatales ejecutan acciones y reportan el gasto, pero no dan cuenta de los logros obtenidos, ni siquiera está instalado el hábito de evaluarlos. Además, reciben cada año la misma asignación de siempre, con algunas variantes y con independencia de sus reales necesidades. Resulta, pues, vital fortalecer esta experiencia desde el sector educación y hay tres maneras de hacerlo:

  • Uno, corrigiendo las debilidades del Programa Presupuestal Estratégico Logros de Aprendizaje en el 3r grado de primaria. Todos los informes de ejecución a la fecha indican que no se logrará la meta prevista para el 2011. Estas debilidades tienen que ver, entre otras cosas, con su diseño mismo y con su gestión centralizada, desarticulada de los procesos que las regiones vienen impulsando en el marco de sus Proyectos Educativos Regionales;
  • Dos, dando un paso adelante, pese a las debilidades del actual programa estratégico, y diseñando nuevos programas, como ya vienen haciendo otros sectores públicos; extrayendo naturalmente las lecciones de esta experiencia y encaminándonos a darle esta orientación a todas las acciones del sector;
  • Tres, reformando la gestión educativa. Ya lo hemos mencionado antes, pero lo cierto es que una planificación presupuestal por resultados sólo cobrará vida en la realidad si el sistema de gestión, que no está diseñado en función de lograr resultados, modifica significativamente sus enfoques y procedimientos y su propia cultura institucional, tan apegada a sus rutinas.

 

4. Descentralización política y presupuestal de los programas nacionales. En pleno proceso de descentralización política y educativa, necesitamos avanzar hacia un nuevo concepto de las políticas nacionales. Varias de ellas, como las de alfabetización, infraestructura, formación docente en servicio y laptops por niño, concentran una significativa proporción del presupuesto público y tienden a aumentar cada año. Si revisamos el Presupuesto Inicial de Apertura del sector para el presente año, podemos comprobar que la inversión en educación asignada al Gobierno Nacional fue de 672 millones de soles y la asignada a las regiones de 327 millones de soles. Sólo en la compra de laptops se tiene previsto invertir 336 millones de soles. Pese a concernir de manera directa a las regiones del país y ejecutarse en su territorio, ningún Gobierno Regional ha participado de su diseño, ni decide sobre ellas, ni gestiona su presupuesto, manejándose de manera absolutamente centralizada.

Tenemos que hacer prevalecer el sentido común y encaminarnos de manera decidida hacia políticas nacionales que sean producto de la concertación. Esa es no sólo la mejor, sino la única vía razonable y la más avalada por la experiencia internacional, para lograr la pertinencia de las propuestas con las múltiples realidades existentes en el país y con las prioridades de cada Proyecto Educativo Regional, el compromiso de los actores involucrados y, por lo tanto, la sostenibilidad de los procesos que quiere desencadenar y la efectividad en sus resultados.