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Política de promoción de la calidad en la Educación Superior

 

El quinto proceso innovador que necesitamos impulsar con fuerza en los próximos años es la acreditación de las instituciones de Educación Superior. Para el Proyecto Educativo Nacional, una educación superior de calidad que aporte al desarrollo del país es una apuesta estratégica. Un eje clave para mejorar la Educación Básica consiste justamente en una formación de calidad de los profesionales en general y los docentes en particular. Avanzar en esta dirección genera confianza pues aporta una visión de largo plazo a los esfuerzos de reforma del sistema educativo.

 

Las políticas de promoción de la calidad necesitan orientarse a la mejora permanente de los profesionales y las instituciones, al margen de cualquier medida punitiva o fiscalizadora, que no corresponde a un sistema de acreditación sino a las instancias pertinentes de supervisión. Una institución con una sólida cultura de calidad es capaz de gestionar sus recursos de manera responsable y orientada a sus objetivos: una formación con calidad y pertinencia. Es por eso que la orientación y apoyo que se brinde a su proceso de fortalecimiento y desarrollo de capacidades, será condición de cualquier posibilidad de cambio. Por eso se necesita:

 

1.  Orientar los procesos de acreditación impulsados por el SINEACE, para asegurar un sistema que, sobre todo, asegure aprendizajes pertinentes de calidad. Puede ser de mucha utilidad en ese sentido recoger buenas prácticas de gestión para la calidad y difundirlas entre todas las instituciones, de manera que estas puedan dirigir sus procesos y recursos al cumplimiento de sus diversas misiones.

2.  Priorizar la acreditación de carreras de educación, lo que exige brindarles condiciones (tiempo, recursos y capacidades) para que efectúen procesos de mejora. En esa perspectiva, se necesita promover el desarrollo de capacidades en los ISP y facultades de educación en evaluación y planeamiento, para que puedan llevar a cabo buenos procesos de auto-evaluación de la carrera y un sistema de mejora continua. Esto requiere alianzas con instituciones de prestigio y experiencia en el desarrollo de estas capacidades. Será una acción clave para identificar debilidades y fortalezas de las instituciones de educación superior con fines de mejora

3.  Fomentar sistemas de gestión más flexibles que se adecuen a las necesidades de formación, de la mano de políticas que fomenten un buen uso de los recursos para el logro de los resultados educativos e institucionales esperados. Estos mecanismos de gestión necesitan, a su vez, fomentar la participación de diversos actores y sectores de interés para confluir en políticas consensuadas y pertinentes.

 

Si motivar a las instituciones a desarrollar sus capacidades de mejora permanente y comprometer al Estado en su rol orientador y promotor, es prerrequisito básico de un sistema de educación superior con un rol protagónico en el desarrollo del país; lo es también la búsqueda de un subsistema de educación superior integrado, más ligado a las demandas del desarrollo, que haga a nuestros profesionales altamente competitivos en el mercado laboral global y aporte al desarrollo de la ciencia, la tecnología y las innovaciones que el crecimiento económico del país requiere apremiantemente.

 

Hay que empezar a ponerle fin a una educación superior desarticulada internamente con el resto de niveles de enseñanza, con el sector productivo y de servicios generadores de empleo, y que desde el punto de vista de su organización es extremadamente compleja e inflexible. Algo que requiere de políticas públicas, tanto como de un movimiento ciudadano que vaya involucrando a las universidades, en particular las nacionales, como aliadas de los cambios que se requiere promover.

 

Palabras finales

 

Para el Consejo Nacional de Educación es enormemente grato apreciar que la casi generalidad de regiones cuentan con su Proyecto Educativo Regional y que muchas localidades también poseen su Proyecto Educativo Local o están en plan de concluirlo. Lo valioso es que son la expresión de un proceso de concertación con la ciudadanía, los maestros, la comunidad académica y diversas instituciones. Son también un ejercicio muy útil de mirada de largo plazo para producir un cambio a gran escala, y de diseño de un conjunto de iniciativas y actividades estratégicas, articuladas y coherentes dirigidas a mejorar los aspectos clave de la educación en el ámbito regional o local.

 

Vemos con expectativa la inquietud de muchas regiones por iniciar la reforma de su gestión, elaborar un currículo adaptado a su realidad regional o diseñar una capacitación docente más pertinente a las necesidades del propio contexto. Habrá que buscar puentes que articulen las políticas nacionales con las regionales, pero este dinamismo regional en educación es un hecho irreversible y esperanzador.

 

Como hemos señalado al principio, el Proyecto Educativo Nacional, los Proyectos Educativos Regionales y ahora numerosos Proyectos Educativos Locales enfrentan el desafío de su implementación, de la progresiva puesta en práctica de sus objetivos y políticas. Como es natural, en este proceso encontramos a algunas regiones mejor preparadas que otras para emprenderlo. Todos tendremos que poner el hombro, sumar esfuerzos y acompañarnos mutuamente para que cada región vaya logrando altas capacidades de gestión y de ejecución presupuestal, orientadas a inversiones de calidad, desburocratizadas, con liderazgo y que se enfoquen centralmente en la búsqueda de resultados satisfactorios en sus instituciones educativas.

 

Somos concientes de que las cinco políticas reformadoras que hemos reseñado y propuesto hasta aquí, no agotan todo lo que hay que hacer por la educación, pero son pasos necesarios, en verdad impostergables, para despejar el camino del Proyecto Educativo Nacional y los Proyectos Educativos Regionales. Camino sembrado de buenas intenciones, esfuerzos y esperanzas, pero también de obstáculos y desvíos que debemos aprender a enfrentar juntos, el Gobierno Nacional y los Gobiernos Regionales, los Gobiernos Locales y los Organismos No Gubernamentales de Cooperación, las Universidades y las empresas, los partidos políticos y los medios de comunicación social. Si no se suman esfuerzos y voluntades, se hará mucho más largo y oscuro el camino hacia las metas de cambio que todos anhelamos para la educación nacional.