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Políticas de buen inicio

Lo que ha puesto en evidencia la última evaluación censal a niños de 2º grado efectuada por la Unidad de Medición de la Calidad del Ministerio de Educación el 2008, es que existen diferencias importantes en el rendimiento en comunicación entre los estudiantes que recibieron y los que no recibieron educación inicial. Según se ha destacado recientemente, sólo el 7.4% de los niños privados de educación inicial logró rendimientos satisfactorios, cifra que llega al 21% en el caso de los que si accedieron a ella. En el grupo de quienes rindieron por debajo del nivel 1, 21.9% de ellos recibieron educación inicial y sube a 46.8% los niños que no la recibieron.

 

Estas cifras sólo confirman un hecho que la investigación probó internacionalmente hace mucho tiempo: lo decisivo que puede ser para una escolarización exitosa el haber recibido educación en el primer tramo de la vida. Y todos nosotros sabemos que el problema más grave que afrontamos es el fracaso reiterado y sistemático del sistema educativo para alfabetizar a los niños que ingresan por primera vez. A pesar del tiempo transcurrido y las políticas implementadas, la proporción no se ha modificado en los últimos diez años: sólo uno de cada diez niños que pasan a tercer grado comprenden satisfactoriamente lo que leen. Esa situación se va a revelar igual en 6º grado, entre los que concluyen la primaria.

 

Las soluciones están a la vista y forman parte principal de los planteamientos del Proyecto Educativo Nacional. Hay cuatro especialmente importantes:

 

1. Universalizar la educación inicial de niños de 4 y 5 años de edad, lo que requiere una política agresiva de construcción de centros de educación inicial bien equipados y la creación de más plazas docentes; así como ampliar la cobertura de atención educativa a niños menores de 03 años en pobreza extrema, así como a sus familias y a sus comunidades, para garantizarles educación temprana de calidad.

 

2. Sumar esfuerzos y recursos para eliminar la desnutrición crónica y la anemia entre los niños menores de 5 años de edad, empezando por las zonas de mayor pobreza del país. Una medida necesaria en ese sentido es la asociación de los establecimientos y programas de educación inicial con la estrategia del programa CRECER y de otros programas importantes, como JUNTOS o el Programa Articulado Nutricional, programa presupuestal estratégico que gestiona el MIMDES y que es de carácter intersectorial.

 

3. Concentrar medidas de reforzamiento del primer tramo de la escolaridad, en particular en las zonas de mayor pobreza, como la especialización de docentes en la enseñanza del periodo que va de los 4 a los 7 años de edad, certificando sus competencias específicas; la creación de programas de acompañamiento pedagógico, en especial a los docentes de inicial y primaria a cargo de niños hasta el 3r grado; y la promoción de una cultura de calidad en los centros y programas de educación inicial, desde el SINEACE y a través del IPEBA, concertando estándares de buen servicio con los propios actores, pero también asegurando apoyo técnico y presupuestal a sus planes de mejoramiento para que puedan alcanzar la acreditación.

 

4. Incluir a la Educación Inicial en las evaluaciones nacionales del aprendizaje, una medida que la Unidad de Medición de la Calidad del Ministerio de Educación viene preparando y que necesita iniciarse e institucionalizarse. La evaluación periódica de los aprendizajes que el currículo oficial considera necesarios para los niños que culminan el ciclo de su educación inicial, permitirá controlar el impacto de las medidas dirigidas a mejorar la calidad de este nivel educativo.