Gustavo Yamada Fukusaki

Objetivos para la nueva década

Por Gustavo Yamada

Esta semana acaba la primera década del nuevo siglo y empieza la segunda. La que se va comenzó en medio de una prolongada crisis económica nacional, que hizo caer el PBI per cápita en 2,9% y el empleo formal en 11% en el trienio 1998-2001, y está culminando con otro año de contracción per cápita. Si bien hemos resistido mejor que otros los embates de la peor crisis internacional desde la Gran Depresión, por lo que cerraremos el año en azul para el PBI global (alrededor de 0,7% de crecimiento), el indicador per cápita tendrá una variación negativa de 0,9%.

Sin embargo, el balance de la década es positivo, puesto que entre el 2002 y 2008 se experimentó un auge no visto en medio siglo con una tasa promedio de crecimiento global de 6,7% anual, lo que impulsó un crecimiento acumulado en el PBI per cápita de 44% hasta alcanzar los US$4.450 anuales y una reducción de la incidencia de la pobreza de 54% a 36%. No obstante, cabe resaltar que la expansión económica hasta la mitad del 2006 solo sirvió para volver a alcanzar el PBI per cápita de 1975, es decir, se recuperó el tiempo perdido luego de tres décadas.

Ahora, es momento propicio para fijarnos metas ambiciosas pero alcanzables para esta década que empieza. Hace unos días, con ocasión del otorgamiento del grado de inversión para los títulos del Estado Peruano, Moody’s señalaba como una de las debilidades del Perú su ingreso per cápita muy por debajo de sus pares latinoamericanos con grado de inversión. Chile y México tienen PBI per cápita de US$10.000 anuales, mientras que Brasil ostenta uno de US$8.400.

Si en la próxima década quisiéramos alcanzar el nivel de vida promedio de Chile y México, deberíamos crecer a un ritmo promedio anual de 10%, tasa conseguida para largos períodos solo por China y algunos tigres asiáticos. Si el objetivo fuera alcanzar a Brasil tendríamos que crecer al 8% anual. Estudios recientes indican que el crecimiento potencial de la economía peruana está alrededor del 6% anual, por lo que se debe seguir con reformas que permitan aumentar más la tasa de crecimiento sostenible.

Una de las reformas en las que hay que persistir es la mejora de la calidad de la educación en todos sus niveles, desde una educación inicial profesional para todos los niños del Perú hasta una educación superior de calidad que genere innovaciones para aumentar la productividad del país y que forme los profesionales y técnicos demandados por sectores con ventajas competitivas crecientes. La razón es simple: el sector educativo puede generar las mayores ganancias de productividad y competitividad, puesto que estamos en la cola del mundo en materia de calidad educativa. Hemos aparecido últimos en las pruebas internacionales de matemáticas y comprensión de lectura básica a principios de la década, y no tenemos ninguna institución de educación superior que figure entre las primeras 200 universidades de talla mundial. Tenemos que trabajar decididamente en ambos frentes.
CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO. (El Comercio, 30/12/2009).