Hugo Díaz

Insistir en las oportunidades de educación inicial de calidad

Escribe Hugo Díaz

En el 2008, el Ministerio de Educación presentó, como parte de los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes de 2º grado de primaria, estadísticas referidas al impacto de la educación inicial en el rendimiento académico.

La Ley General de Educación es suficientemente clara al precisar la finalidad de la educación inicial: "...cumple la finalidad de promover prácticas de crianza que contribuyan al desarrollo integral de los niños, tomando en cuenta su crecimiento socio afectivo y cognitivo, la expresión oral y artística y la sicomotricidad y el respeto de sus derechos".

 

En otras palabras, interesa en este nivel de enseñanza inducir a los niños al juego; expandir sus formas de comunicación oral y corporal; alternar en grupos más grandes que cuando eran menores de tres años; afianzar los hábitos de cuidado personal adquiriendo mayor dominio, control y coordinación sobre sus movimientos y una mayor conciencia acerca de las características y posibilidades de su cuerpo; desarrollar una relación afectiva, social, cultural y de convivencia que contribuya a su desarrollo integral y al logro progresivo de una mayor autonomía personal.

Recordar la finalidad de la educación inicial precisada en la Ley General de Educación resulta muy importante en momentos en que su rol en los últimos años se ha distorsionado ya que se promueve que los niños menores de seis años aprendan a leer y escribir y a someterse a mecanismos de evaluación y graduación como si hubiesen alcanzado un postgrado. No se respeta el crecimiento madurativo propio de los niños en esas edades de su infancia. Esta tendencia, iniciada por algunos jardines de niños, poco a poco fue creciendo y siendo equivocadamente reclamada por los padres de familia.

Se olvida en cierta medida que uno de los objetivos de la educación inicial es preparar de la forma más natural posible para que los niños accedan a la educación primaria, en especial al primer grado; ello implica prepararlos para facilitar el aprendizaje de la lectoescritura en ese primer grado, pues es allí donde empieza un cambio importante en las estrategias de enseñanza al pasar progresivamente de actividades basadas en el juego a otras donde en énfasis está en el estudio, en consolidar el aprestamiento.

 

Lo que dicen los resultados

Mientras el 7.4% de los que no siguieron este nivel de enseñanza logra desempeños satisfactorios en comprensión lectora, entre los que si accedieron a este servicio el porcentaje se eleva al 21%; es decir, es decir, casi se multiplica por tres. En cambio, los que logran un desempeño por debajo del nivel 1 son menos de la mitad de los que no siguieron educación inicial (21.9% vs. 46.8%).

Ciertamente que es una primera aproximación que sería de gran utilidad desagregarse en comportamientos más concretos: por ejemplo, cuál es la diferencia de rendimientos en comprensión lectora entre los que estudiaron en un programa escolarizado y no escolarizado; entre los que recibieron uno, dos, tres o más años de educación inicial; y entre los que recibieron el servicio en una institución estatal o privada. Ojalá los resultados de la próxima evaluación que el Ministerio viene anunciando para noviembre próximo permitan establecer estas diferencias, pues son decisivas en la toma de decisiones sobre prioridades y reajustes que hay que hacer en la política educativa.

Una de ellas debería asociarse a la formación docente. No es lo mismo formar un docente para los últimos grados de primaria que para los primeros. Además, hay que tomar conciencia que la articulación de la educación inicial con los primeros grados de primaria no se circunscribe únicamente a lo curricular, sino que va más allá, lo cual debería reflejarse en los programas de formación y capacitación de profesores.

Demás está reiterar lo que enseña la investigación comparada en cuanto a los beneficios de la educación inicial como factor decisivo en la socialización y en el enriquecimiento del vocabulario, particularmente de aquellos niños cuyos padres tienen bajo nivel de instrucción.