Idel Vexler Talledo
¿Excelentes y malos en todo?
Lunes 10 de Octubre de 2011 18:11
Escrito por el consejero Idel Vexler
Era una costumbre agrupar a los estudiantes por un puntaje promedio de sus capacidades cognitivo-intelectuales. Así se les etiquetaba de acuerdo a una jerarquía considerándoseles, en líneas generales, a algunos “muy inteligentes”, a otros “aceptablemente inteligentes” y a otros “nada inteligentes”. Esto significaba, supuestamente, que muchos niños, niñas, jóvenes y adultos tenían aptitudes superiores a los demás para aprender. Lo cual traía consigo que los maestros y padres de familia –muchos aún lo hacen– valoraran a sus estudiantes e hijos según el promedio de su rendimiento escolar y por los calificativos obtenidos en los llamados “cursos para los inteligentes”: matemática y ciencias naturales. Tanto es así que –equivocadamente– a los que tenían bajo promedio se les hacía, en muchos casos, estudiar saberes técnico- operacionales porque era inútil realizar esfuerzos para que aprendieran ciencias y humanidades.
Sin embargo, desde 1983, Gardner–psicólogo norteamericano– amplía el campo de lo que es la inteligencia, estableciendo lo que ya se sabía intuitivamente, que no es algo unitario e inmutable, sino que es diversa de acuerdo a la persona. Dice en su teoría de las inteligencias múltiples que éstas son distintas, flexibles e independientes. Esto significa que un científico no es más ni menos inteligente que un deportista, un artista, o un psicólogo. Simplemente sus inteligencias pertenecen a campos diferentes.
Propuso varios tipos de inteligencia, todas importantes: lingüística, capaz de usar las palabras para comunicarse adecuadamente; lógico-matemática, para resolver problemas; musical, que posibilita producir e interpretar música; espacial, que tiene que ver con la diferenciación de color, línea, forma, figura y espacio. Igualmente, la inteligencia cinética, que favorece el desarrollo de actividades físicas y corporales; la personal, con capacidad para manejar las emociones y entenderse a sí mismo; la interpersonal, para relacionarse y comprender las emociones de los demás; la naturalista, para observar y estudiar la fenómenos físicos, químicos y biológicos; y, por último, se ha propuesto la inteligencia existencial o filosófica, que aún requiere de más investigación.
Así, por ejemplo, algunos tendrán muy buen rendimiento en matemática, otros en educación física y deportes, otros en música, otros en ciencias sociales y otros en comunicación. No podemos ser excelentes en todo y, tampoco, malos en todo.
Era una costumbre agrupar a los estudiantes por un puntaje promedio de sus capacidades cognitivo-intelectuales. Así se les etiquetaba de acuerdo a una jerarquía considerándoseles, en líneas generales, a algunos “muy inteligentes”, a otros “aceptablemente inteligentes” y a otros “nada inteligentes”. Esto significaba, supuestamente, que muchos niños, niñas, jóvenes y adultos tenían aptitudes superiores a los demás para aprender. Lo cual traía consigo que los maestros y padres de familia –muchos aún lo hacen– valoraran a sus estudiantes e hijos según el promedio de su rendimiento escolar y por los calificativos obtenidos en los llamados “cursos para los inteligentes”: matemática y ciencias naturales.
Tanto es así que –equivocadamente– a los que tenían bajo promedio se les hacía, en muchos casos, estudiar saberes técnico- operacionales porque era inútil realizar esfuerzos para que aprendieran ciencias y humanidades.
Sin embargo, desde 1983, Gardner–psicólogo norteamericano– amplía el campo de lo que es la inteligencia, estableciendo lo que ya se sabía intuitivamente, que no es algo unitario e inmutable, sino que es diversa de acuerdo a la persona. Dice en su teoría de las inteligencias múltiples que éstas son distintas, flexibles e independientes. Esto significa que un científico no es más ni menos inteligente que un deportista, un artista, o un psicólogo. Simplemente sus inteligencias pertenecen a campos diferentes.
Propuso varios tipos de inteligencia, todas importantes: lingüística, capaz de usar las palabras para comunicarse adecuadamente; lógico-matemática, para resolver problemas; musical, que posibilita producir e interpretar música; espacial, que tiene que ver con la diferenciación de color, línea, forma, figura y espacio. Igualmente, la inteligencia cinética, que favorece el desarrollo de actividades físicas y corporales; la personal, con capacidad para manejar las emociones y entenderse a sí mismo; la interpersonal, para relacionarse y comprender las emociones de los demás; la naturalista, para observar y estudiar la fenómenos físicos, químicos y biológicos; y, por último, se ha propuesto la inteligencia existencial o filosófica, que aún requiere de más investigación.
Así, por ejemplo, algunos tendrán muy buen rendimiento en matemática, otros en educación física y deportes, otros en música, otros en ciencias sociales y otros en comunicación. No podemos ser excelentes en todo y, tampoco, malos en todo.


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