Idel Vexler Talledo

Profesionales con valores

Habitualmente  en diferentes eventos y espacios académicos se plantea, con acierto,  la necesidad de que nuestro país cuente con abogados, ingenieros, profesores, médicos, contadores, economistas, entre otros profesionales,  que tengan una sólida formación universitaria  para desempeñarse muy bien  en el mercado laboral, teniendo en cuenta la diversidad y el mundo globalizado. Y, de este modo, contribuir  al desarrollo sostenido de nuestro país en los ámbitos nacional, regional y local.

 

 

Al mismo tiempo,  existe  una demanda social permanente de que contemos con profesionales que tengan una formación holística  desarrollando aprendizajes, entre otros,  comunicacionales, filosóficos, sociales, históricos, informáticos y  de gestión.
Siendo estos planteamientos pertinentes  que en líneas generales  son asumidos por las universidades, lo que llama la atención es que en un número importante de estas instituciones de educación superior no se dé alta prioridad a la enseñanza y práctica de valores en los perfiles y currículos profesionales.

 

Por eso, conviene preguntar: ¿Un profesional es competente solamente cuando es eficiente en la realización de sus tareas ocupacionales?  ¿Será competente cuando no pone en práctica valores y actitudes positivas en su desenvolvimiento laboral?
Indudablemente, no. Porque una persona, además de ser efectiva técnicamente, debe actuar en la vida y, por supuesto en el trabajo, con puntualidad, honestidad, veracidad, espíritu de equipo, responsabilidad, iniciativa, tolerancia, respeto por los derechos humanos y  transparencia.  Naturalmente, el clima institucional de las facultades y escuelas universitarias  debe ser propicio para lograr lo señalado.

Por ello coincidimos con la filósofa  Cortina,  cuando afirma que  una persona que ingresa a una profesión puede tener motivos muy diversos para hacerlo. Pero ella debe asumir en su quehacer cotidiano,  no solo sus metas personales y técnico-profesionales, sino también, los fines que justifican la esencia y la proyección humana de su carrera.

Por lo señalado, la comunidad universitaria debe darle la relevancia  que corresponde a los valores en la formación de pre y posgrado de nuestros profesionales para que sean cada día, más competentes, en una perspectiva de desarrollo humano.  Es decir, que tengan solvencia científica, técnica, ciudadana y ético-moral.  Desde luego, comprometidos con el desarrollo económico, el bienestar común y la justicia social.