León Trahtemberg Siederer

Pudo ser un discurso educativo 28 07 2015

León Trahtemberg Siederer

Viernes 31 de Julio de 2015 16:54

 

Para tener una buena acogida entre los peruanos el discurso presidencial debe tener alguna particularidad motivadora más allá de una larga enumeración de programas y montos asignados a los beneficiarios. Me hubiera gustado que en lugar de eso en el sector educación, hubiera tenido un enfoque de educación ciudadana. Me explico.
1). El discurso arrancó bien: …”nos propusimos con vocación integradora, la recuperación de un país fragmentado”...  Pero eso no se expresó en el discurso, que fracturó nuestra historia aislando el período 2011-2016 del resto, excluyendo de esta  voluntad integradora a los conformantes de los gobiernos previos y posteriores al suyo. Presentar al Perú como un país con historia hubiera permitido reconocer que  este  gobierno se ha inspirado o continuado políticas y estrategias  iniciadas por los anteriores, y aspirar a que quienes vengan hagan lo propio con aquello este gobierno les legará. Esa continuidad da cuenta de una visión de país, humildad y cordialidad política que facilita nuestra convivencia.
2). Hubiera sido señal de grandeza reconocer errores y expresar disculpas y/o propósitos de enmienda, lo que tendría un alto valor educativo, siendo evidente que hay muchos errores en el camino. Reconocerlos daría la apertura hacia los  interlocutores para un diálogo fructífero, el cual se vuelve imposible cuando el  gobierno defiende cerrada y triunfalistamente su (equivocada) postura. ¿Cómo se dialoga, integra y perfecciona lo que anda mal partiendo del principio de que “el gobierno está bien;  quien piensa distinto está mal”?
En FB https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/679741108793094?pnref=story
Para tener una buena acogida entre los peruanos el discurso presidencial debe tener alguna particularidad motivadora más allá de una larga enumeración de programas y montos asignados a los beneficiarios. Me hubiera gustado que en lugar de eso en el sector educación, hubiera tenido un enfoque de educación ciudadana. Me explico.

Lea más

 

Textos escolares aburridos matan el gusto por la historia

León Trahtemberg Siederer

Domingo 21 de Junio de 2015 22:05

 

En su artículo “Down With Textbooks” David Cutlerjan critica el uso que se hace de los textos escolares de historia en los Estados Unidos porque le dan a los estudiantes una pobre comprensión de lo que realmente significa estudiar historia (“The Atlantic” 31/1/2014)
Los textos de historia la presentan como algo acabado, que no cambia, pese a que la historia es continuamente revisada y reinterpretada. Además, son unilaterales y ofrecen una visión histórica centrada en personajes varones blancos.
Sin postular tesis o argumentos a investigar o rebatir, los textos no reflejan la manera como los historiadores abordan los problemas históricos. Todo lo escrito en los textos es predecible, los problemas ya fueron resueltos, no hay conflicto ni suspenso, y se excluye todo aquello que puede parecer negativo para el idealizado carácter nacional. Por lo demás, tienen tanta información que impiden al lector comprender lo esencial lo que los torna en ilegibles. Más sentido sería llevar a los alumnos a investigar temas más limitados pero usando diversas fuentes primarias, apoyados además en materiales multimedia, documentales, visitas  a lugares históricos y entrevistas a expertos.
Posiblemente por un tiempo más se usarán textos de historia, especialmente los que son interactivos e invitan a los alumnos a interesarse por diversas fuentes y llevar a cabo investigaciones sobre los temas de su interés. Pero aun así, nada reemplazará al buen maestro de historia, motivado,  capaz de generar pasión por la historia en sus alumnos.
En su artículo “Down With Textbooks” David Cutlerjan critica el uso que se hace de los textos escolares de historia en los Estados Unidos porque le dan a los estudiantes una pobre comprensión de lo que realmente significa estudiar historia (“The Atlantic” 31/1/2014)

Lea más

 

Australia, nórdicos y asiáticos emergentes lideran a las universidades jóvenes

León Trahtemberg Siederer

Jueves 28 de Mayo de 2015 09:32

 

El ranking mundial de las universidades más jóvenes publicado por “Times Higher Education 100 Under 50 rankings 2015” muestra lo siguiente: al lado de universidades tradicionales de países como Estados Unidos, Inglaterra y Europa central con una larga historia de trabajo universitario e investigación científica y tecnológica  que los llevó a liderar la educación, ciencia y tecnología mundial hasta hace unas tres o cuatro décadas, aparecen nuevos polos de desarrollo educativo que seguramente se harán más fuertes con el paso del tiempo. Australia, los países nórdicos (Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca), y los asiáticos emergentes (Cora del Sur, Japón, Taiwán, Singapur y las colonias inglesas en China -Macao y Hong Kong-). Todos ellos tienen en común haber  transitado de sociedades rurales agrícolas pobres hacia urbes modernas en las que domina el hightech como producto de una premeditada decisión de sus gobiernos de hacer de la educación, ciencia, tecnología y desarrollo de patentes una prioridad nacional.
El caso australiano es de singular interés ya que tiene 16 de las 100 universidades emergentes más notables del mundo, como producto de una decisión gubernamental de hacer de la educación australiana un activo estratégico descentralizado, promover los altos niveles de investigación científica y convertir la educación superior en un polo de  atracción para estudiantes extranjeros.
Hace tiempo vengo sugiriendo a gobernantes y empresarios peruanos crear una universidad # 1 del mundo en estudios de biodiversidad, como bandera de nuestro avance científico. ¿Por qué no?
El ranking mundial de las universidades más jóvenes publicado por “Times Higher Education 100 Under 50 rankings 2015” muestra lo siguiente: al lado de universidades tradicionales de países como Estados Unidos, Inglaterra y Europa central con una larga historia de trabajo universitario e investigación científica y tecnológica  que los llevó a liderar la educación, ciencia y tecnología mundial hasta hace unas tres o cuatro décadas, aparecen nuevos polos de desarrollo educativo que seguramente se harán más fuertes con el paso del tiempo. Australia, los países nórdicos (Suecia, Finlandia, Noruega y Dinamarca), y los asiáticos emergentes (Cora del Sur, Japón, Taiwán, Singapur y las colonias inglesas en China -Macao y Hong Kong-). Todos ellos tienen en común haber  transitado de sociedades rurales agrícolas pobres hacia urbes modernas en las que domina el hightech como producto de una premeditada decisión de sus gobiernos de hacer de la educación, ciencia, tecnología y desarrollo de patentes una prioridad nacional.

Lea más

 

Ecuador está aquí no más (y avanza más que el Perú)

León Trahtemberg Siederer

Martes 05 de Mayo de 2015 09:11

 

Tradicionalmente el Perú ha visto con cierto desdén a Bolivia y Ecuador, como los vecinos inferiores. Inclusive la elección y re-elección de Evo Morales y Rafael Correa es motivo de críticas desde la perspectiva político-económica y control de medios de comunicación cuando en el Perú no tenemos mucho de qué enorgullecernos en esos aspectos. Por lo demás, todavía no terminamos de digerir la idea de que hace rato Bolivia y Ecuador nos han sacado ventajas en  actividades como el fútbol y otros deportes, a lo que se ha ido sumando sus iniciativas en materia de educación. Tendemos a mirar con admiración a Chile, aunque su educación anda mal, o más arriba aún a países como Finlandia o Corea del Sur, cuando tenemos mucho que aprender aquí no más, muy cerca, de lo que están haciendo en Ecuador y Bolivia (EBI).
Ecuador ha venido planteando estrategias prácticas y sencillas pero de gran impacto para dar un salto hacia el desarrollo de la investigación, ciencia y tecnología con miras a generar patentes que agreguen valor a la producción de bienes y servicios ecuatorianos.
Al 2014 han entregado 10,000 becas para doctorados y posdoctorados en las mejores  universidades del mundo, a la par que han desarrollado el proyecto Prometeo por el cual se invita a investigadores y docentes especializados ecuatorianos y extranjeros de todo el mundo para  trabajar en universidades e instituciones ecuatorianas con sueldos internacionales por períodos de 2 a 12 meses, lo que dure su investigación. El Código INGENIOS establece que se  entrega el 40 % de la Propiedad Intelectual al investigador y el 60 % a la institución en la que se realizó la investigación. Este fortalecimiento de la investigación científica en las universidades ya arroja resultados interesantes pues el número de patentes solicitadas desde las universidades ecuatorianas pasó de un promedio de 1,3 a 8 en el año  2014.
A la par se incentiva a las empresas privadas para producir innovaciones acogiendo a estudiantes de carreras en la modalidad dual para que ejerzan prácticas en sus empresas e industrias a cambio de la deducción para el cálculo de la base imponible del Impuesto a la Renta (versión mucho más inteligente que la de la fracasada ley “pulpín”)
Tradicionalmente el Perú ha visto con cierto desdén a Bolivia y Ecuador, como los vecinos inferiores. Inclusive la elección y re-elección de Evo Morales y Rafael Correa es motivo de críticas desde la perspectiva político-económica y control de medios de comunicación cuando en el Perú no tenemos mucho de qué enorgullecernos en esos aspectos. Por lo demás, todavía no terminamos de digerir la idea de que hace rato Bolivia y Ecuador nos han sacado ventajas en  actividades como el fútbol y otros deportes, a lo que se ha ido sumando sus iniciativas en materia de educación. Tendemos a mirar con admiración a Chile, aunque su educación anda mal, o más arriba aún a países como Finlandia o Corea del Sur, cuando tenemos mucho que aprender aquí no más, muy cerca, de lo que están haciendo en Ecuador y Bolivia (EBI).

Lea más

 

Trabajar educa a los jóvenes

León Trahtemberg Siederer

Martes 28 de Abril de 2015 15:38

 

Para los jóvenes de 15 a 18 años trabajar en tareas de escasa calificación que demandan tiempo y esfuerzo físico para recibir a cambio una escasa remuneración tiene dos ventajas. Una, que enseña humildad, compasión, a entender el vínculo entre el trabajo, la paga y el valor de cada sol. Puede producir en ellos una sensación de conexión con aquellos que hacen su carrera laboral mediante esos trabajos, previniendo la sensación de superioridad de los futuros ejecutivos de cuello blanco o los que ocuparán posiciones encumbradas. Puede ayudar a tratar con dignidad y respeto a los trabajadores de menor remuneración, a conocer sus historias de vida, problemas, sabiduría; a girar de la admiración a quienes con poco esfuerzo logran grandes fortunas hacia entender que hay otros héroes a los cuales admirar, aquellos que construyen una vida decente mediante el trabajo y sudor cotidiano.
La otra ventaja es que nunca el aula de clases podría simular el contexto de un centro de trabajo así como nunca un centro de trabajo permitirá crear los espacios de reflexión o sistematización académica que ocurre en las aulas de clases. La combinación de ambos es ideal para articular el mundo del estudio y trabajo, darle sentido a ambos, permitir que los jóvenes integren dentro de sí las experiencias de trabajo y aprendizaje académico. Sin embargo, para que sea posible se necesita esa visión educativa del trabajo y una legislación que se lo facilite a los jóvenes.
Para los jóvenes de 15 a 18 años trabajar en tareas de escasa calificación que demandan tiempo y esfuerzo físico para recibir a cambio una escasa remuneración tiene dos ventajas. Una, que enseña humildad, compasión, a entender el vínculo entre el trabajo, la paga y el valor de cada sol. Puede producir en ellos una sensación de conexión con aquellos que hacen su carrera laboral mediante esos trabajos, previniendo la sensación de superioridad de los futuros ejecutivos de cuello blanco o los que ocuparán posiciones encumbradas. Puede ayudar a tratar con dignidad y respeto a los trabajadores de menor remuneración, a conocer sus historias de vida, problemas, sabiduría; a girar de la admiración a quienes con poco esfuerzo logran grandes fortunas hacia entender que hay otros héroes a los cuales admirar, aquellos que construyen una vida decente mediante el trabajo y sudor cotidiano.

Lea más

 

No se debe copiar a Finlandia

León Trahtemberg Siederer

Lunes 13 de Abril de 2015 08:39

La admiración y envidia que producen los resultados educativos de Finlandia no solamente han animado a mucha gente a interesarse en lo que hicieron y hacen, sino que hay quienes sugieren copiar el modelo finlandés para asegurar que se siga el camino educativo correcto para nuestro país.
Creo que es importante diferenciar lo que significa apreciar lo que hacen países como Finlandia en su educación -porque eso estimula nuestra capacidad de pensar en opciones nuevas para nuestra educación- de lo que significaría intentar copiar el modelo -lo que sería una ruta ineludible al fracaso-.
Así como un niño se desarrolla como resultado de la interacción entre su persona (carga genética) y el medio ambiente, lo mismo ocurre con los países. Tienen un ADN con tradiciones, valores y formas de vida nacionales heredadas de generaciones atrás que interactúa con su medio ambiente y produce opciones particulares de vida (o de educación en este caso). Eso mismo es lo que debe ocurrir en el Perú.
Nuestro reto está en tener el coraje para reinventar nuestra educación, con similar fuerza y convicción con la que lo hicieron Finlandia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Dinamarca y los asiáticos. Partiendo de una mirada crítica hacia adentro y observando detenidamente a los otros, crear esa visión y proyecto educativo que nos permita dar el salto hacia la satisfacción educativa. De eso, más allá de algunos esfuerzos privados, aún estamos muy lejos. Es el reto de la década.
La admiración y envidia que producen los resultados educativos de Finlandia no solamente han animado a mucha gente a interesarse en lo que hicieron y hacen, sino que hay quienes sugieren copiar el modelo finlandés para asegurar que se siga el camino educativo correcto para nuestro país.

Lea más

 

Si dos piensan igual, uno sobra... Atrévete a discrepar

León Trahtemberg Siederer

Martes 31 de Marzo de 2015 08:56

La mayoría de la gente instintivamente evita los conflictos, pero Margaret Heffernan sostiene que los buenos desacuerdos son fundamentales para el progreso. Relata la historia de la epidemióloga Alice Stewart del Royal College of Physicians, que en los 1950’s estudió el aumento en la incidencia de cáncer en niños provenientes de familias pudientes.
Para explicar esta anomalía analizó cuestionarios contestados por los padres encontrando que la única diferencia notoria en los niños muertos -en proporción dos a uno-, radicaba en que las  madres estuvieron expuestas a rayos X durante el embarazo, práctica usual en aquella época que depositaba confianza en tecnología de los rayos X.
Alice Stewart publicó sus hallazgos preliminares en The Lancet en 1956, pero tomó 25 años para  que el cuerpo médico británico y estadounidense abandonara la práctica de tomar rayos X en mujeres embarazadas. Los datos estaban disponibles pero pocos querían atenderlos.  Por su parte  Alice Stewart continuó con la necesidad de cerciorarse si estaba en lo correcto.  Trabajó con un estadístico llamado George Kneale que decía: "Mi trabajo es demostrar que la Dra. Stewart está equivocada". Buscaba activamente que refutarla, con diversas formas de analizar sus modelos, estadísticas, estrujar los datos con tal de crear conflictos en torno a sus teorías. Sólo no pudiendo demostrar que estaba equivocada, George podría dar a Alice la confianza que necesitaba para saber que tenía razón. Alice resistió el impulso neurobiológico que la hubiera llevado a preferir personas como ella, para buscar al opuesto con diferentes antecedentes, maneras de pensar y experiencias, a contrapelo de la mayoría de las organizaciones en las que la gente teme mucho al conflicto (85% de ejecutivos en encuestas citadas por ella).
¿Cómo desarrollar estas habilidades, para que sea una forma natural de pensar y actuar, aún si implica enfrentar a pares y autoridades? La mejor forma es empezar desde el colegio. Estimular a los alumnos a que confronten los saberes comunes, debatan sus tesis, busquen fisuras y argumenten en contra de las propuestas que escuchan de los demás. Eso no es posible en contextos de educación autoritaria y jerarquizada, en la que no se cuestiona lo que dice el profesor o el libro, y se castiga con malas notas al que piensa diferente.
La mayoría de la gente instintivamente evita los conflictos, pero Margaret Heffernan sostiene que los buenos desacuerdos son fundamentales para el progreso. Relata la historia de la epidemióloga Alice Stewart del Royal College of Physicians, que en los 1950’s estudió el aumento en la incidencia de cáncer en niños provenientes de familias pudientes.

Lea más

 

Página 1 de 37