León Trahtemberg Siederer

Ecuador está aquí no más (y avanza más que el Perú)

León Trahtemberg Siederer

Martes 05 de Mayo de 2015 09:11

 

Tradicionalmente el Perú ha visto con cierto desdén a Bolivia y Ecuador, como los vecinos inferiores. Inclusive la elección y re-elección de Evo Morales y Rafael Correa es motivo de críticas desde la perspectiva político-económica y control de medios de comunicación cuando en el Perú no tenemos mucho de qué enorgullecernos en esos aspectos. Por lo demás, todavía no terminamos de digerir la idea de que hace rato Bolivia y Ecuador nos han sacado ventajas en  actividades como el fútbol y otros deportes, a lo que se ha ido sumando sus iniciativas en materia de educación. Tendemos a mirar con admiración a Chile, aunque su educación anda mal, o más arriba aún a países como Finlandia o Corea del Sur, cuando tenemos mucho que aprender aquí no más, muy cerca, de lo que están haciendo en Ecuador y Bolivia (EBI).
Ecuador ha venido planteando estrategias prácticas y sencillas pero de gran impacto para dar un salto hacia el desarrollo de la investigación, ciencia y tecnología con miras a generar patentes que agreguen valor a la producción de bienes y servicios ecuatorianos.
Al 2014 han entregado 10,000 becas para doctorados y posdoctorados en las mejores  universidades del mundo, a la par que han desarrollado el proyecto Prometeo por el cual se invita a investigadores y docentes especializados ecuatorianos y extranjeros de todo el mundo para  trabajar en universidades e instituciones ecuatorianas con sueldos internacionales por períodos de 2 a 12 meses, lo que dure su investigación. El Código INGENIOS establece que se  entrega el 40 % de la Propiedad Intelectual al investigador y el 60 % a la institución en la que se realizó la investigación. Este fortalecimiento de la investigación científica en las universidades ya arroja resultados interesantes pues el número de patentes solicitadas desde las universidades ecuatorianas pasó de un promedio de 1,3 a 8 en el año  2014.
A la par se incentiva a las empresas privadas para producir innovaciones acogiendo a estudiantes de carreras en la modalidad dual para que ejerzan prácticas en sus empresas e industrias a cambio de la deducción para el cálculo de la base imponible del Impuesto a la Renta (versión mucho más inteligente que la de la fracasada ley “pulpín”)
Tradicionalmente el Perú ha visto con cierto desdén a Bolivia y Ecuador, como los vecinos inferiores. Inclusive la elección y re-elección de Evo Morales y Rafael Correa es motivo de críticas desde la perspectiva político-económica y control de medios de comunicación cuando en el Perú no tenemos mucho de qué enorgullecernos en esos aspectos. Por lo demás, todavía no terminamos de digerir la idea de que hace rato Bolivia y Ecuador nos han sacado ventajas en  actividades como el fútbol y otros deportes, a lo que se ha ido sumando sus iniciativas en materia de educación. Tendemos a mirar con admiración a Chile, aunque su educación anda mal, o más arriba aún a países como Finlandia o Corea del Sur, cuando tenemos mucho que aprender aquí no más, muy cerca, de lo que están haciendo en Ecuador y Bolivia (EBI).

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Trabajar educa a los jóvenes

León Trahtemberg Siederer

Martes 28 de Abril de 2015 15:38

 

Para los jóvenes de 15 a 18 años trabajar en tareas de escasa calificación que demandan tiempo y esfuerzo físico para recibir a cambio una escasa remuneración tiene dos ventajas. Una, que enseña humildad, compasión, a entender el vínculo entre el trabajo, la paga y el valor de cada sol. Puede producir en ellos una sensación de conexión con aquellos que hacen su carrera laboral mediante esos trabajos, previniendo la sensación de superioridad de los futuros ejecutivos de cuello blanco o los que ocuparán posiciones encumbradas. Puede ayudar a tratar con dignidad y respeto a los trabajadores de menor remuneración, a conocer sus historias de vida, problemas, sabiduría; a girar de la admiración a quienes con poco esfuerzo logran grandes fortunas hacia entender que hay otros héroes a los cuales admirar, aquellos que construyen una vida decente mediante el trabajo y sudor cotidiano.
La otra ventaja es que nunca el aula de clases podría simular el contexto de un centro de trabajo así como nunca un centro de trabajo permitirá crear los espacios de reflexión o sistematización académica que ocurre en las aulas de clases. La combinación de ambos es ideal para articular el mundo del estudio y trabajo, darle sentido a ambos, permitir que los jóvenes integren dentro de sí las experiencias de trabajo y aprendizaje académico. Sin embargo, para que sea posible se necesita esa visión educativa del trabajo y una legislación que se lo facilite a los jóvenes.
Para los jóvenes de 15 a 18 años trabajar en tareas de escasa calificación que demandan tiempo y esfuerzo físico para recibir a cambio una escasa remuneración tiene dos ventajas. Una, que enseña humildad, compasión, a entender el vínculo entre el trabajo, la paga y el valor de cada sol. Puede producir en ellos una sensación de conexión con aquellos que hacen su carrera laboral mediante esos trabajos, previniendo la sensación de superioridad de los futuros ejecutivos de cuello blanco o los que ocuparán posiciones encumbradas. Puede ayudar a tratar con dignidad y respeto a los trabajadores de menor remuneración, a conocer sus historias de vida, problemas, sabiduría; a girar de la admiración a quienes con poco esfuerzo logran grandes fortunas hacia entender que hay otros héroes a los cuales admirar, aquellos que construyen una vida decente mediante el trabajo y sudor cotidiano.

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No se debe copiar a Finlandia

León Trahtemberg Siederer

Lunes 13 de Abril de 2015 08:39

La admiración y envidia que producen los resultados educativos de Finlandia no solamente han animado a mucha gente a interesarse en lo que hicieron y hacen, sino que hay quienes sugieren copiar el modelo finlandés para asegurar que se siga el camino educativo correcto para nuestro país.
Creo que es importante diferenciar lo que significa apreciar lo que hacen países como Finlandia en su educación -porque eso estimula nuestra capacidad de pensar en opciones nuevas para nuestra educación- de lo que significaría intentar copiar el modelo -lo que sería una ruta ineludible al fracaso-.
Así como un niño se desarrolla como resultado de la interacción entre su persona (carga genética) y el medio ambiente, lo mismo ocurre con los países. Tienen un ADN con tradiciones, valores y formas de vida nacionales heredadas de generaciones atrás que interactúa con su medio ambiente y produce opciones particulares de vida (o de educación en este caso). Eso mismo es lo que debe ocurrir en el Perú.
Nuestro reto está en tener el coraje para reinventar nuestra educación, con similar fuerza y convicción con la que lo hicieron Finlandia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Dinamarca y los asiáticos. Partiendo de una mirada crítica hacia adentro y observando detenidamente a los otros, crear esa visión y proyecto educativo que nos permita dar el salto hacia la satisfacción educativa. De eso, más allá de algunos esfuerzos privados, aún estamos muy lejos. Es el reto de la década.
La admiración y envidia que producen los resultados educativos de Finlandia no solamente han animado a mucha gente a interesarse en lo que hicieron y hacen, sino que hay quienes sugieren copiar el modelo finlandés para asegurar que se siga el camino educativo correcto para nuestro país.

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Si dos piensan igual, uno sobra... Atrévete a discrepar

León Trahtemberg Siederer

Martes 31 de Marzo de 2015 08:56

La mayoría de la gente instintivamente evita los conflictos, pero Margaret Heffernan sostiene que los buenos desacuerdos son fundamentales para el progreso. Relata la historia de la epidemióloga Alice Stewart del Royal College of Physicians, que en los 1950’s estudió el aumento en la incidencia de cáncer en niños provenientes de familias pudientes.
Para explicar esta anomalía analizó cuestionarios contestados por los padres encontrando que la única diferencia notoria en los niños muertos -en proporción dos a uno-, radicaba en que las  madres estuvieron expuestas a rayos X durante el embarazo, práctica usual en aquella época que depositaba confianza en tecnología de los rayos X.
Alice Stewart publicó sus hallazgos preliminares en The Lancet en 1956, pero tomó 25 años para  que el cuerpo médico británico y estadounidense abandonara la práctica de tomar rayos X en mujeres embarazadas. Los datos estaban disponibles pero pocos querían atenderlos.  Por su parte  Alice Stewart continuó con la necesidad de cerciorarse si estaba en lo correcto.  Trabajó con un estadístico llamado George Kneale que decía: "Mi trabajo es demostrar que la Dra. Stewart está equivocada". Buscaba activamente que refutarla, con diversas formas de analizar sus modelos, estadísticas, estrujar los datos con tal de crear conflictos en torno a sus teorías. Sólo no pudiendo demostrar que estaba equivocada, George podría dar a Alice la confianza que necesitaba para saber que tenía razón. Alice resistió el impulso neurobiológico que la hubiera llevado a preferir personas como ella, para buscar al opuesto con diferentes antecedentes, maneras de pensar y experiencias, a contrapelo de la mayoría de las organizaciones en las que la gente teme mucho al conflicto (85% de ejecutivos en encuestas citadas por ella).
¿Cómo desarrollar estas habilidades, para que sea una forma natural de pensar y actuar, aún si implica enfrentar a pares y autoridades? La mejor forma es empezar desde el colegio. Estimular a los alumnos a que confronten los saberes comunes, debatan sus tesis, busquen fisuras y argumenten en contra de las propuestas que escuchan de los demás. Eso no es posible en contextos de educación autoritaria y jerarquizada, en la que no se cuestiona lo que dice el profesor o el libro, y se castiga con malas notas al que piensa diferente.
La mayoría de la gente instintivamente evita los conflictos, pero Margaret Heffernan sostiene que los buenos desacuerdos son fundamentales para el progreso. Relata la historia de la epidemióloga Alice Stewart del Royal College of Physicians, que en los 1950’s estudió el aumento en la incidencia de cáncer en niños provenientes de familias pudientes.

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La competencia destruye la competitividad

León Trahtemberg Siederer

Jueves 19 de Marzo de 2015 17:46

 

Escucho a padres y maestros sostener que para ser competitivos los chicos tienen que aprender a competir, por lo que introducen todo tipo de competencias y “orden de mérito” según notas desde la educación inicial y primaria. Con ello socavan la competitividad de sus hijos. Me explico.
Si la competitividad es la capacidad de la persona de desplegar sus potencialidades para abrirse paso entre sus pares con los que compite -sea en el deporte, artes, profesiones o en el mercado de bienes y servicios- cae por su peso la pregunta de cómo se logra alcanzar ese óptimo. Allí es donde se divorcian la competitividad con la competencia introducida desde edades tempranas en niños que aún no tienen la fortaleza para sostenerse con solidez en esa competencia. Es un despropósito hacer competir a un niño convirtiéndolo en un perdedor cuando aún es frágil, no ha constituido una personalidad sólida, está en proceso de construir su tolerancia al fracaso, a reconocer que así como tiene áreas débiles tiene otras fuertes sobre las cuales construirá su éxito y autoimagen de competente. Al hacer competir a los escolares de inicial o primaria entre sí, se cultiva la vanidad de unos pocos ganadores (cosa que les jugará en contra cuando tengan que enfrentar retos mayores en los que no siempre ganarán) y se golpeará la autoestima y seguridad en sí mismo de la mayoría que serán perdedores. Eso no formará una generación de jóvenes competitivos.
Escucho a padres y maestros sostener que para ser competitivos los chicos tienen que aprender a competir, por lo que introducen todo tipo de competencias y “orden de mérito” según notas desde la educación inicial y primaria. Con ello socavan la competitividad de sus hijos. Me explico.

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"La marcha del 27 debe ser contra los auspiciadores"

León Trahtemberg Siederer

Lunes 23 de Febrero de 2015 21:06

El próximo 27 de febrero, desde las 5 p.m., una gran cantidad de familias marchará desde el Campo de Marte hasta los locales de los canales de televisión contra lo que llaman “programas de TV basura”. León Trahtemberg, reconocido educador, cree que la movilización debe estar dirigida a las empresas que pagan por la publicidad de estos espacios.
¿La misión de la televisión es educar y entretener, o solo entretener?
Normalmente los medios son fuentes de información y de entretenimiento. En el sentido más extendido de la palabra educar, todo el mundo educa: el chofer del Metropolitano, el policía, el político… Es decir, los medios, más allá de su tarea de informar y entretener, educan en la medida que presentan modelos de vida, conductas, pero los medios son uno más de los actores sociales que tienen un impacto educativo en la gente.
Es decir, sí tiene una responsabilidad educativa con la población…
La función de la televisión no es educar. La educación es un subproducto del medio; es como el fútbol: no ha sido inventado para educar, pero ver a las barras bravas, su comportamiento, tiene un impacto educativo.
Pero, digamos, la TV, por ser un medio masivo de información, ¿debe regular sus contenidos?
La televisión es un medio que informa masivamente, pero yo no sería partidario de hacer un monopolio de cuestionamientos a la televisión porque, como le digo, las situaciones de la vida cotidiana que tienen un impacto educativo en la gente son múltiples. Por ejemplo, el hecho de que uno se pare en una esquina y vea que los carros no hacen caso a las luces del semáforo, eso tiene un impacto educativo trascendente, al igual que cuando la gente bota papel en el piso. Inclusive, desde mi punto de vista, más impacto tiene cómo se comportan las pandillas.
Pero la morbosidad que, según los promotores de la marcha, se exhibe en los realitys, por ejemplo, ¿en qué medida afecta a la población juvenil?
Quizás hay que hacer también una marcha contra los noticieros. Si usted analiza los primeros cinco minutos de los noticieros, verá sangre, crimen, violencia, tragedia, gente llorando porque alguien se murió o le pegaron… Habría que hacer una marcha contra los noticieros porque hacen una presentación mucho más violenta de la realidad. Un programa u otro no es el paradigma de la violencia. Si usted analiza la cantidad de horas al día que hay noticiero, con toda la violencia que muestra, estos resultan más perjudiciales que los realitys.
Entonces, ¿en dónde está el problema?, ¿en la familia?
El Perú es un país violento; hay un contexto en el que la violencia estructural no se ha resuelto. Hoy en día, el común de los peruanos, si quiere cruzar la ciudad caminando, la probabilidad de que llegue a su casa sin que le hayan robado, golpeado o algo es cada vez menor. El contexto de la falta de regulación social que vivimos en el Perú nos dice que hay una Policía impotente y un Poder Judicial que no hace nada…
Pero que se vaya a producir una marcha contra los “programas de TV basura”, ¿le parece bien?
En general, a mí me gusta que la gente salga a marchar cuando quiere defender una posición de manera pacífica. Me parece bien, pero me gustaría que haya marchas también de padres de familia por una educación de calidad, marchas cívicas que defiendan ciertos valores… Si ahora hay un grupo de gente que quiere expresarse y hacer notar su malestar, está bien. Salir a marchar es un gesto cívico enorme.
*Los productores y personajes que trabajan en estos programas de televisión cuestionados dicen que la gente tiene la potestad de cambiar de canal si no quiere ver un determinado espacio televisivo… *
Bueno, esa es una manera manipulativa de plantear las cosas porque, si bien es cierto que uno puede cambiar de canal, es como ofrecer a un chico un montón de caramelos y luego decirle que tiene la opción de no consumirlos. Lo que están haciendo es una provocación que está pensada para mover los sentimientos más primarios de la gente, pero volvemos a lo que le dije antes: exactamente lo mismo hacen los noticieros cuando muestran desgracia y muerte.
Y ahí entra la publicidad…
Los publicistas buscan seducir a la gente para que consuma lo que quieren. La gente puede ver o no su trabajo, pero ellos se dedican justamente para que la gente esté obligada a verlo.
¿Cree que la marcha logrará remover estos programas de la agenda de los canales?
Bueno, cuando hubo la crítica al programa de la Paisana Jacinta, el canal dijo que el que quiere lo ve y el que no quiere no. Es decir, al final ese argumento, que si bien es cierto es válido, no reconoce que hay una manera de presentar las cosas que las hace atractivas para que la gente quiera verlas.
Entonces, ¿debe haber una revolución cultural para que no se emitan estos programas?
Lo que debe haber es una regulación del mundo adulto y de las instituciones. En los medios de comunicación se deben respetar las normas del horario de protección a los menores de manera fiel, cosa que no se está haciendo, no solo por los realitys sino por los noticieros. Por otro lado, debe haber una mayor conciencia colectiva en el mundo de las empresas que ponen auspicios.
¿La marcha, entonces, no debe ser hacia los canales sino hacia los auspiciadores?
Por supuesto, porque quienes financian y mantienen vivos a los programas son los anunciadores, y ellos, a su vez, anuncian las cosas en función de los expertos de márketing que les dicen cómo anunciar y en dónde hacerlo. Entonces, habría que censurar también a los publicistas que diseñan los productos que compra la gente. Al final, la red responsable de que esos programas existan no se limita solo a la buena o mala voluntad de un canal de televisión, sino que es toda una red económica–comercial que tiene una serie de valores e intereses que están presentes cuando un canal emite un programa.
AUTOFICHA
■ “Soy magíster en Educación por la Universidad Hebrea de Jerusalén y recibí las Palmas Magisteriales en grado de Amauta por el Ministerio de Educación del Perú en el 2001, además de otros premios”.
■ “El miércoles 25 de febrero seré ponente en la conferencia ‘Tendencias en la gestión educativa exitosa para estos tiempos’, una charla a realizarse en la Universidad Autónoma”.
■ “En este problema de los programas de televisión, el ministro de Educación no puede hacer nada. Aquí el tema es tan complejo que termina recayendo solamente en el juicio ético del dueño del canal”.
El próximo 27 de febrero, desde las 5 p.m., una gran cantidad de familias marchará desde el Campo de Marte hasta los locales de los canales de televisión contra lo que llaman “programas de TV basura”. León Trahtemberg, reconocido educador, cree que la movilización debe estar dirigida a las empresas que pagan por la publicidad de estos espacios.

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Augurios desde los primeros "jalados"

León Trahtemberg Siederer

Viernes 13 de Febrero de 2015 18:14

¿Qué probabilidades tienen los alumnos que en los primeros grados salen desaprobados en algunos cursos, que lo superarán y se convertirán en alumnos competentes y hasta destacados en los grados siguientes?
Empíricamente, a falta de investigación dura, diría que menos del 25%.  Salvo alumnos que pasaron por un mal momento emocional o dificultades con su salud física, el hecho que desde el pre escolar los profesores señalen que tienen dificultades y que en primaria estas se manifiesten con algunos desaprobados,  con recomendaciones de clases particulares, terapias, medicación, etc. el pronóstico es malo.  Sin embargo, la ilusión de que ocurrirá alguna magia en la vida del hijo o hija lleva a los padres a insistir con que mantenga la misma propuesta educativa con la que desde los primeros años está fracasando continuamente.
Difícilmente se preguntarán si quizá el problema no es su hijo sino el sistema pedagógico del colegio. Hay niños perfectamente normales pero que necesitan un acompañamiento más individualizado mientras fortalecen su autoestima o superan una brecha en su aprendizaje, que se angustian ante el temor y vergüenza del fracaso, la censura de los profesores, la burla de sus compañeros. Además, se ahogan en colegios rígidos que aspiran a que los alumnos estén sentados, quietos, sin conversar, tomando notas de las clases y preparándose para rendir constantes pruebas usualmente mecánicas y repetitivas en las que sus fracasos alimentarán su sentimiento de frustración e  incompetencia. ¿El problema está en el niño?
¿Qué probabilidades tienen los alumnos que en los primeros grados salen desaprobados en algunos cursos, que lo superarán y se convertirán en alumnos competentes y hasta destacados en los grados siguientes?

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