León Trahtemberg Siederer

Creatividad e innovación educativa

León Trahtemberg Siederer

Lunes 15 de Agosto de 2016 18:29

¿Qué hace de un chef, deportista, músico, biólogo, un innovador? La innovación no aparece de la nada. Es resultado de un proceso creativo incremental de quien domina las bases y técnicas de una actividad, que en un momento culminante disrumpe lo conocido derivando en una innovación.
Un Chef innovador empieza el proceso creativo con el conocimiento de los insumos, experimentando cómo combinar, asar, freir, cocinar, licuar, etc. Más adelante vienen los ensayos  de combinar de diversas maneras estos ingredientes y ensayar diversas formas de cocinarlos. Mientras va aprendiendo de las recetas que existen en los libros, observa lo que hacen otros chefs, prueba nuevas fórmulas, etc. Con el tiempo empieza a perfilar sus propios platos que se  convierten en los deseados o preferidos por terceros.  El último nivel, es el de la creatividad profesional al que llegan solamente los que lograr abrir las puertas de la innovación disruptiva, con el reconocimiento de los entendidos que lo convierten en un referente.
Los grandes compositores primero aprenden a interpretar las grandes composiciones creadas por otros, hasta estar en condiciones de hacer las propias. Los grandes científicos inventores primero estudian su campo, recorren las experiencias de otros hasta estar preparados para hacer las propias innovaciones e influir con ellas en todo su campo de actividad.
Este último nivel de creatividad requiere tener visión. Imaginar los alcances que podría tener una innovación disruptiva que rompa el status quo e intente resolver un problema no resuelto o mal resuelto, perseverando en un mercado que puede demorar años en reconocer el valor del invento.
Ignaz Semmelweiss quiso explicar por qué la tasa de mortandad de bebes al nacer era tan diferente entre dos clínicas en Austria en 1842 y descubrió que tenía que ver con que los obstetras de una se lavaban las manos antes del parto, pero la comunidad científica demoró décadas en aceptar su hallazgo. Chester Carlson en 1938 inventó el procesos de fotocopiado Xerox para evitar las lentas máquinas impresoras con olores químicos pero la industria demoró 8 años en reconocer su hallazgo que hoy ya se expresa en impresoras 3D que transformarán toda la industria.
Preguntémonos si estamos cultivando estas mentes creativas innovadoras en nuestras escuelas y qué hacer para que ocurra.
¿Qué hace de un chef, deportista, músico, biólogo, un innovador? La innovación no aparece de la nada. Es resultado de un proceso creativo incremental de quien domina las bases y técnicas de una actividad, que en un momento culminante disrumpe lo conocido derivando en una innovación.

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Le pido a PPK

León Trahtemberg Siederer

Lunes 01 de Agosto de 2016 11:21

La precaria situación de nuestro sistema educativo por el deterioro acumulado en las últimas cinco décadas apenas empezó a revertirse en el último quinquenio, aunque con acciones que responden a los paradigmas educativos del pasado siglo XX. Espero que el próximo gobierno valore la importancia de la innovación en la educación.
Pienso en seis acciones para producir tal efecto:
1) Plantear una visión convocante que sea el referente para la acción educativa del gobierno, el Congreso y de la sociedad civil. Sugiero dos conceptos: “Perú”, el gran escenario de la innovación educativa, y “la escuela”, la última oportunidad para rescatar a los niños con desventajas de hogar, el espacio amable en el que realicen su derecho a ser felices y disfruten de los aprendizajes propios de la educación básica.
2) Hacer de la innovación el eje transversal del sector educación a todo nivel, para convertir al Perú en una máquina de producción de patentes. Empezar con un fondo concursable de 200 millones  de dólares anuales para la generación de patentes en áreas prioritarias para el desarrollo (al que pueden postular universidades, ONG, etc.).
3) Crear dos institutos de investigaciones científicas que se conviertan en los número uno en el mundo, en dos campos en los que tenemos riqueza y ventajas comparativas: la biodiversidad, cosméticos, farmacia, alimentos, turismo) y producción de joyería y orfebrería (oro y plata).
4) Programa de paquetes de apoyo a la innovación escolar de 25 mil dólares cada uno para colegios públicos que hagan innovación pedagógica relevante y la difundan, bajo el liderazgo de directores empoderados con amplios márgenes de autonomía.
5) Bajo el lema: “Los niños tienen derecho a disfrutar de su vida escolar” reformular la gestión, el currículo y las metodologías de trabajo docente para priorizar la creación de un clima escolar que fortalezca la autoestima y la formación afectiva y social de los alumnos.
6) Seleccionar unos cuantos ISP y universidades que pasen una acreditación rigurosa por parte del Minedu, para ofrecer capacitaciones y acompañamientos docentes (debidamente auditados) que culminen con una evaluación de méritos trasladables automáticamente al escalafón docente para producir los ascensos, sustituyendo los ineficaces exámenes actuales.
La precaria situación de nuestro sistema educativo por el deterioro acumulado en las últimas cinco décadas apenas empezó a revertirse en el último quinquenio, aunque con acciones que responden a los paradigmas educativos del pasado siglo XX. Espero que el próximo gobierno valore la importancia de la innovación en la educación.

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Estándares de sentido común

León Trahtemberg Siederer

Miércoles 15 de Junio de 2016 16:24

 

Los curriculeros del mundo se queman las pestañas definiendo competencias, contenidos y habilidades que los alumnos deben adquirir durante su escolaridad, homologaciones, estándares, pruebas estandarizadas para medir logros, criterios sobre calidad de la educación, aprendizajes que forman a un buen ciudadano, trabajador, académico o profesional. En ese afán son capaces de crear complejísimos currículos e incorporar las más diversas y a veces absurdas e incomprensibles exigencias de aprendizaje para que los alumnos evidencien que están bien formados. Eso genera una enorme presión sobre los profesores que en lugar de dedicar su tiempo y estrategias para que los alumnos desarrollen su pensamiento crítico, deben usarlo para preparar  a los alumnos en aquello que será evaluado en las pruebas y dará lugar a notas o rankings en los que se pondrá en juego el prestigio del alumno, profesor y colegio.
Este afán de perfeccionar que termina complicando la vida de alumnos y profesores podría resolverse atendiendo la recomendación de Déborah Meier: “No debería esperarse de ningún  estudiante que logre metas académicas que una muestra transversal de adultos exitosos en la comunidad es incapaz de lograr”. Alfie Kohn agrega que todo funcionario público que proponga mejorar los estándares de aprendizaje que serán evaluados con pruebas estandarizadas (incluyendo las de PISA) debe estar obligado a tomar primero esos exámenes y aceptar que se publiquen sus resultados en los periódicos.  (Confusing harder with Better, Alfie Kohn “What does it mean to be well educated?” pag. 45)
Los curriculeros del mundo se queman las pestañas definiendo competencias, contenidos y habilidades que los alumnos deben adquirir durante su escolaridad, homologaciones, estándares, pruebas estandarizadas para medir logros, criterios sobre calidad de la educación, aprendizajes que forman a un buen ciudadano, trabajador, académico o profesional. En ese afán son capaces de crear complejísimos currículos e incorporar las más diversas y a veces absurdas e incomprensibles exigencias de aprendizaje para que los alumnos evidencien que están bien formados. Eso genera una enorme presión sobre los profesores que en lugar de dedicar su tiempo y estrategias para que los alumnos desarrollen su pensamiento crítico, deben usarlo para preparar  a los alumnos en aquello que será evaluado en las pruebas y dará lugar a notas o rankings en los que se pondrá en juego el prestigio del alumno, profesor y colegio.

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(Irrelevantes) pruebas estandarizadas y de ingreso

León Trahtemberg Siederer

Martes 03 de Mayo de 2016 10:15

Les propongo un reto a los ministros y viceministros de los últimos 20 años, a los directivos de los colegios profesionales y a los decanos de las facultades de universidades como San Marcos, Agraria, UNI, Cayetano Heredia, etc. : anótense para rendir los exámenes de ingreso que toma la universidad de la que se graduaron a los actuales postulantes para ver qué puntaje obtienen.  Háganlo también con las pruebas PISA, SAT, ACT, etc.
Mi sospecha es que sacarían puntajes bastante bajos, porque las preguntas en su formulación, contenido, demanda cognitiva, etc. apela a formatos entrenables y conocimientos efímeros más que a habilidades personales y sociales acumuladas y capacidades de investigar,  encarar y  resolver problemas en la vida real. Eso evidenciaría que esas pruebas arbitrarias no tienen ningún valor predictor y más que alimentar el negocio de las academias, pres y comisiones de admisión y evaluación, no sirven de mucho. (En Estados Unidos el negocio de preparación y administración de pruebas estandarizadas  y servicios afines alcanza los 7 billones de dólares)
Ojalá que quienes nos gobiernen en el quinquenio 2016-2021 entiendan que la obsesión por estándares y pruebas estandarizadas con las que tanto disfrutan los economistas que quieren medirlo TODO INCLUYENDO la conducta humana, distorsiona la buena educación y convierte a los colegios en fábricas para rendir pruebas, poner notas y rankear alumnos (alimentando su  desinterés por el aprendizaje), en lugar de ser centros para el cultivo de las potencialidades de cada estudiante y el disfrute de la vida escolar.
Les propongo un reto a los ministros y viceministros de los últimos 20 años, a los directivos de los colegios profesionales y a los decanos de las facultades de universidades como San Marcos, Agraria, UNI, Cayetano Heredia, etc. : anótense para rendir los exámenes de ingreso que toma la universidad de la que se graduaron a los actuales postulantes para ver qué puntaje obtienen.  Háganlo también con las pruebas PISA, SAT, ACT, etc.

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Pedagogía para nuestros tiempos

León Trahtemberg Siederer

Miércoles 02 de Marzo de 2016 09:46

 

En términos sencillos, ¿por qué no funciona bien nuestra educación? No es por falta de presupuesto, ladrillos, carpetas, libros, computadoras que prometen los candidatos. Es por el “túnel del tiempo”.
Todos los profesores actualmente en ejercicio nacieron y se educaron en la escuela y universidad sin la omnipresencia de internet, celulares, redes sociales, y la invasión multimedia. En cambio todos los alumnos a su cargo nacieron con esos componentes en las neuronas.
El desencuentro entre profesores y alumnos no se resuelve pidiendo a los alumnos que viajen por el “túnel del tiempo” hacia la época de la formación de sus docentes para poder comunicarse con los referentes que ellos usaron (memorización, repetición, horarios escolares rígidos, áreas curriculares siglo XIX, pruebas estandarizadas estereotipadoras, tareas absurdas, ausencia de investigaciones y cultivo de los intereses de los alumnos, etc.)
Lo contrario es lo que tiene sentido. Que los profesionales de la educación viajen a la era de los alumnos digitales para poder comunicarse con ellos y encontrar allí las oportunidades para el aprendizaje. Allí está el meollo de la revolución de la pedagogía que ningún candidato está abordando y que no se resuelve prometiendo simplemente subir a 6% del PBI la inversión anual en educación.
Así como los problemas médicos no se resuelven con chips electrónicos, ni los problemas psicológicos con leyes, ni los problemas económicos con diseños publicitarios, los problemas educativos no se resuelven con libros o ladrillos, sino con una pedagogía relevante para nuestros tiempos.
En términos sencillos, ¿por qué no funciona bien nuestra educación? No es por falta de presupuesto, ladrillos, carpetas, libros, computadoras que prometen los candidatos. Es por el “túnel del tiempo”.

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​Un año de vacaciones preuniversitarias

León Trahtemberg Siederer

Jueves 11 de Febrero de 2016 15:06

Acabo de leer un suplemento de orientación vocacional y me dejó la sensación de que si hubiera una correlación entre lo que ofrece cada universidad y la realidad, Perú tendría los profesionales mejor formados y más creativos del mundo, a cargo de súper catedráticos universitarios. Seríamos los campeones mundiales en producir patentes, en desarrollo empresarial y científico, en comunicaciones. Me pregunto si acaso no debería haber una especie de defensor del postulante para alertarlos de tanta falsa ilusión. Los pobres alumnos de 4to y especialmente 5to grado de secundaria, que nunca tomaron decisiones de nada importante a la largo de su educación básica, en plena revolución hormonal adolescente deben tomar decisiones vocacionales presionados por sus padres, profesores, padres y el apabullante marketing universitario.
Esa elección al final tiene muy poco de auténtica y la gran cantidad de ingresantes que desaprueban los primeros ciclos y se cambian de carrera por doquier evidencian la enorme distancia de la elección con las verdaderas motivaciones de c/u. ¿No sería mejor darles un año de vacaciones escolares preuniversitarias, dejarles madurar, ganar experiencia de vida, clarificar sus intereses y pasiones, antes de escoger la carrera en la cual desarrollar su educación profesional? Darles la oportunidad de viajar, conocer mundo, trabajar, cultivar sus hobbies, descubrir lo que los apasiona, y solo entonces, más libres y fogueados, con una edad similar a la de los ingresantes universitarios norteamericanos o europeos, escoger el camino a seguir. Pensémoslo.
Acabo de leer un suplemento de orientación vocacional y me dejó la sensación de que si hubiera una correlación entre lo que ofrece cada universidad y la realidad, Perú tendría los profesionales mejor formados y más creativos del mundo, a cargo de súper catedráticos universitarios. Seríamos los campeones mundiales en producir patentes, en desarrollo empresarial y científico, en comunicaciones. Me pregunto si acaso no debería haber una especie de defensor del postulante para alertarlos de tanta falsa ilusión. Los pobres alumnos de 4to y especialmente 5to grado de secundaria, que nunca tomaron decisiones de nada importante a la largo de su educación básica, en plena revolución hormonal adolescente deben tomar decisiones vocacionales presionados por sus padres, profesores, padres y el apabullante marketing universitario.

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Imposible: igualdad de oportunidades

León Trahtemberg Siederer

Jueves 21 de Enero de 2016 14:43

Supongamos que 10 niños que nunca jugaron basquetbol inician su actividad por igual con un entrenador. Al rato, unos niños corren más, driblean mejor, encestan con más precisión que otros. Tuvieron igualdad de oportunidades, pero se produjeron diferencias. ¿Hay que presionar al más débil, que entrene más horas? ¿Permitir que se agrande la brecha? Hagan lo que hagan, se generarán diferencias (pueden cambiar “basquetbol” por “matemáticas” u otra área). ¿Qué dice la pedagogía siglo XX, la de los estándares y expectativas de logro iguales para todos? Si haces lo mismo con todos y les exiges lo mismo, eres justo y les has dado igualdad de oportunidades (así genere brechas y golpee la autoestima del “fracasado”). En suma, esa igualdad lo que hace es legitimar la desigualdad, y jerarquizar a los alumnos generando enormes tensiones entre ellos.
¿Qué dice la pedagogía del siglo XXI, la que valora y respeta la diversidad? Plantéale retos diversos a todos, en función de las inteligencias múltiples, facilitando que cada uno se cultive más en aquello en lo que tiene mayores fortalezas, sin aspirar a que todos se desempeñen igual en todo, porque en cualquier área siempre habrá diferencias en los logros. Si cada alumno va a descubrir qué le gusta, en qué es competente, qué despierta su pasión, eso impulsará su autonomía, creatividad, disciplina, buena convivencia y deseos de aprender.
La igualdad de oportunidades del siglo XXI radica en respetar el derecho de cada alumno a tener éxito allí donde están sus fortalezas y su pasión. Esa es la locomotora que arrastrará a todo lo demás.
Supongamos que 10 niños que nunca jugaron basquetbol inician su actividad por igual con un entrenador. Al rato, unos niños corren más, driblean mejor, encestan con más precisión que otros. Tuvieron igualdad de oportunidades, pero se produjeron diferencias. ¿Hay que presionar al más débil, que entrene más horas? ¿Permitir que se agrande la brecha? Hagan lo que hagan, se generarán diferencias (pueden cambiar “basquetbol” por “matemáticas” u otra área). ¿Qué dice la pedagogía siglo XX, la de los estándares y expectativas de logro iguales para todos? Si haces lo mismo con todos y les exiges lo mismo, eres justo y les has dado igualdad de oportunidades (así genere brechas y golpee la autoestima del “fracasado”). En suma, esa igualdad lo que hace es legitimar la desigualdad, y jerarquizar a los alumnos generando enormes tensiones entre ellos.

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