León Trahtemberg Siederer

Mitos sobre la Innovación

Uno de los grandes mitos de la historia de Isaac Newton se refiere a la forma como descubrió la gravedad, supuestamente, viendo caer una manzana estando sentado bajo un árbol. Esto es presentado como una epifanía o manifestación repentina de la esencia del significado de algo, sin considerar que Newton trabajó 20 años para explicar matemáticamente la gravedad, tema  que conceptualmente ya había sido abordado largamente por otros. Lo mismo ocurrió con el mito sobre Arquímedes, quien viendo rebalsarse el agua al  meterse en una tina para bañarse habría descubierto instantáneamente la capacidad de establecer si un objeto era de oro en función de su densidad,  conociendo su peso y volumen. También es el caso de Colón y el descubrimiento  de América, que ya había sido descubierta antes por polinesios y vikingos.

 

Los mitos sirven para la promoción de la persona, pero no para la educación de los científicos. Por ejemplo la invención de un teclado de PC, es una  combinación de cosas que existían antes. Lo novedoso es la forma de combinar las partes para producir algo nuevo. Toda invención puede ser dividida en infinitas series de pequeñas ideas previamente conocidas. Es la  pieza final de un rompecabezas que encuentra su lugar después de muchas horas de trabajo y aprendizaje. Por lo tanto, esta idea de la innovación como  epifanía o revelación repentina, es falsa. En realidad el descubrimiento ocurre   luego de muchas horas de trabajo en un tema, lo que produce una incubación de las ideas y la digestión del conocimiento adquirido hasta que finalmente en  un momento dado (impredecible) emerge la revelación creativa.

Las personas  creativas son aquellas que tienen la facilidad de hacer conexiones entre ideas previamente no conectadas. El innovador es el que tiene la habilidad de ver claramente un problema, combinado con el talento para resolverlo. Esto explica porqué muchos innovadores eran o son personas excéntricas o marginales, porque suelen ser personas que toman distancias de  los convencionalismos y aparecen como rebeldes, trasgresores o marginales. Lo que pasa es que el desarrollo de nuevas ideas requiere hacer preguntas y aproximaciones a los temas que la mayoría de las personas no van a entender inicialmente, lo que produce el riesgo de ser condenados al aislamiento y a la incomprensión de su carácter.

Scott Berkun, en el libro “The Myths of Innovation” (O’Reilly, Canadá,  2010) desarrolla muy bien todo este tema. Presenta como ejemplo de esta  incomprensión a Galileo quien por sostener que el sol (y no la tierra) es el centro del sistema solar, produjo una persecución en su contra por parte de la iglesia. El problema no era la idea extraña en sí para la época, sino lo que le hizo sentir al establishment el hecho que alguien plantee una idea  distinta a la convencional. Esto muestra que la innovación no es rechazada al principio por sus méritos sino por la incomodidad que les genera a los demás  (que no descubrieron esa idea).

Las frases usuales que suelen asesinar ideas innovadores, usadas por personas que se resisten a ellas por comodidad, no tomar riesgos, falta de iniciativa o comprensión de sus alcances, son: eso ya lo tratamos antes, nunca hicimos algo así antes, acá no hacemos las cosas así, eso nunca funciona, no hay presupuesto para eso, no es un tema interesante, no tenemos tiempo para eso, los ejecutivos no lo van a apoyar, está fuera de nuestro alcance, eso no va a rendir suficiente dinero, eres más hábil con la boca cerrada.

 

En cambio, los espacios favorables para el surgimiento de nuevas ideas  creativas son: la lluvia de ideas, interesarse en temas que no son la propia especialidad, trabajos colaborativos interdisciplinarios, experimentación,  improvisación, meditación, hacer prototipos, leer revistas sobre innovaciones de terceros, etc.
De modo que si en el Perú queremos cultivar el espíritu innovador y desarrollar  productos creativos, conviene estimular a los alumnos de colegios y universidades para que sientan que el pensamiento original es valorado y alentado, rompiendo las rigideces del pensamiento rutinario y  convencional. En suma, que los colegios dejen de ser academias de entrenamiento académico y las universidades dejen de ser institutos técnicos y ambos espacios se conviertan en escenarios exploración, experimentación, razonamiento libre y producción de ideas originales.